El Acatisto a santa María Magdalena, igual a los apóstoles, es un himno de alabanza a la mujer que fue la primera persona en ver a Cristo resucitado y la primera en anunciar a los apóstoles: «¡Ha resucitado!». Por eso la Iglesia la llama igual a los apóstoles: la «apóstol de los apóstoles». A continuación, el texto completo (13 contacios y 12 icos), el tropario y el contacio de la fiesta, dos oraciones, su vida y cómo rezarlo. [1][2][3]
Nota sobre el texto. No existe una traducción litúrgica oficial al español de este acatisto aprobada por una jurisdicción ortodoxa. El texto que sigue es una traducción fiel realizada a partir del original eslavo eclesiástico, cotejada con las versiones ucraniana e inglesa recibidas. Para el uso litúrgico público conviene consultar al párroco o al padre espiritual.
Quién fue santa María Magdalena
María procedía de la ciudad de Mágdala, a orillas del mar de Galilea; de ahí su nombre. El Evangelio atestigua que el Señor la liberó de siete demonios (Lc 8,2), tras lo cual se convirtió en discípula fiel de Cristo y lo acompañó junto con las demás mujeres mirróforas, sirviéndolo con sus propios bienes. [4][5]
Los cuatro evangelistas mencionan a santa María Magdalena, algo poco frecuente tratándose de una mujer en el Nuevo Testamento. Un rasgo la distingue: no abandonó a Cristo en la hora en que vacilaron incluso sus discípulos más cercanos. El miedo que llevó al apóstol Pedro a negar a su Maestro fue vencido en el alma de María por el amor: ella estuvo al pie de la Cruz en el Gólgota junto con la Madre de Dios y el apóstol Juan. [4][6]
La primera mensajera de la Resurrección
El domingo, antes del amanecer, María fue con otras mujeres al sepulcro para ungir el cuerpo del Salvador. Al no hallar el cuerpo, salió llorando de la tumba, y fue a ella, la primera de todos los hombres, a quien se apareció Cristo resucitado, ordenándole ir a los apóstoles con la noticia gozosa. [4][6]
Aquí está el acontecimiento central de su vida y el comienzo de su ministerio apostólico: los apóstoles habían de evangelizar al mundo, y María Magdalena evangelizó a los apóstoles mismos. Por eso la Iglesia la venera como igual a los apóstoles. [4][6]
Tiberio, el huevo rojo y el origen del huevo pascual
Según la tradición, la santa no predicó sólo en Jerusalén. Viajó a Roma y compareció ante el emperador Tiberio (que reinó del 14 al 37), ofreciéndole un huevo rojo como símbolo de la Resurrección y de la vida nueva, con las palabras «¡Cristo ha resucitado!». En esa misma ocasión habló al emperador de Jesús el Galileo, condenado injustamente en su provincia de Judea, y de la calumnia de los sumos sacerdotes. [4]
De esta tradición procede la costumbre ortodoxa de regalar huevos teñidos en Pascua, y la iconografía representa tradicionalmente a santa María Magdalena con un huevo rojo en la mano. [4][5]
Éfeso, su dormición y sus reliquias
- Éfeso. Desde Roma, ya de edad avanzada, se trasladó a Éfeso, donde trabajaba incansablemente el apóstol Juan el Teólogo. La tradición sostiene que fue de su relato de donde el apóstol escribió el capítulo veinte de su Evangelio, el que narra la Resurrección. [4][5]
- Dormición. Allí terminó en paz su vida terrena y fue sepultada, según la tradición, cerca de la entrada de la cueva de los Siete Durmientes de Éfeso. [4][6]
- Traslado de las reliquias. En el siglo IX, bajo el emperador León VI el Sabio (886–912), sus reliquias incorruptas fueron trasladadas de Éfeso a Constantinopla, al monasterio de san Lázaro. [4][6]
- Hoy se conservan partes de sus reliquias en monasterios del Monte Athos, en Jerusalén, en Francia y en Roma. [4][6]
Una precisión importante: la Magdalena no fue una prostituta
La identificación habitual de María Magdalena con la pecadora que lavó los pies de Cristo (Lc 7,37–50) o con María de Betania es una confusión occidental posterior sin fundamento en el texto evangélico. La Iglesia oriental nunca las mezcló: la Escritura habla sólo de la liberación de siete demonios, es decir, de la curación de una grave posesión, no de fornicación. En 2016 el papa Francisco elevó el rango de su celebración de memoria obligatoria a fiesta, subrayando el papel de una mujer como primera anunciadora de la Resurrección. [5][6]
Cuándo se celebra su memoria
Su memoria se celebra el 22 de julio (en el calendario juliano, 22 de julio / 4 de agosto). En la tradición católica la fiesta siempre ha caído el 22 de julio. [5][6][7]
Qué es un acatisto y cómo está construido
La palabra «acatisto» procede del griego (Ο Ακάθιστος Υμνος): «a» es negación y «kathizo» significa «me siento». Literalmente es el «himno no sentado»: un himno que se lee o canta de pie, en señal de especial reverencia. [8][9]
El modelo del género es el Gran Acatisto a la Santísima Madre de Dios, compuesto probablemente hacia el año 626 tras la liberación milagrosa de Constantinopla. A su imagen se compusieron después acatistos al Señor, a los santos y a los iconos milagrosos. [8][10]
La estructura es invariable: [8][9]
- 13 contacios: himnos breves que terminan (salvo el decimotercero) con «Aleluya»;
- 12 icos: himnos extensos con salutaciones, los jeretismos, que empiezan con «Alégrate»;
- el estribillo: «¡Alégrate, santa María Magdalena, igual a los apóstoles, que amaste al dulcísimo Señor Jesús más que todos los bienes!»;
- el contacio 13 se dice tres veces; después se repiten el ico 1 y el contacio 1.
Tropario y contacio de santa María Magdalena
Antes del acatisto se leen tradicionalmente el tropario y el contacio de la fiesta: [7]
Tropario, tono 1:
A Cristo, que por nosotros nació de la Virgen, seguiste, honorable María Magdalena, guardando sus preceptos y mandamientos; por eso, al celebrar hoy tu santa memoria, recibimos por tus oraciones el perdón de los pecados.
Contacio, tono 3:
Estando tú, gloriosísima, ante la Cruz del Salvador con otras muchas, y sufriendo junto con la Madre del Señor, derramabas lágrimas y las ofrecías como alabanza, clamando: «¿Qué extraña maravilla es ésta? Aquel que sostiene toda la creación ha querido padecer. ¡Gloria a tu poder!»
Acatisto a santa María Magdalena — texto completo
Contacio 1
Preparada por el Señor para un ministerio igual al de los apóstoles, santa María Magdalena, seguiste a tu amado Cristo; por eso te alabamos con himnos y con amor. Y tú, que tienes gran confianza ante el Señor, líbranos con tus súplicas de toda desgracia, para que con gozo te aclamemos sin cesar:
¡Alégrate, santa María Magdalena, igual a los apóstoles, que amaste al dulcísimo Señor Jesús más que todos los bienes!
Ico 1
El Creador de los ángeles y Señor de los ejércitos, conociendo de antemano tu buena voluntad, santa mirrófora, te eligió de la ciudad de Mágdala y te liberó de los lazos del diablo; y desde entonces te mostraste sierva fiel del Señor, celosa de glorificarlo con tu vida y tu ministerio. Y admirando la providencia de Dios sobre ti, con el corazón conmovido te aclamamos:
- Alégrate, tú que fuiste llamada por el Hijo de Dios de las tinieblas del diablo a su luz admirable;
- ¡Alégrate, tú que por su gracia permaneciste pura de cuerpo y de espíritu hasta el fin!
- Alégrate, tú que con pureza guardaste enteramente tu corazón y la pobreza de espíritu;
- ¡Alégrate, tú que antes que nadie fuiste digna de contemplar a Cristo resucitado!
- Alégrate, tú que venciste por completo el poder del enemigo;
- ¡Alégrate, tú que resplandeciste por tu fe poderosa y tu amor ardiente a Cristo Dios!
- Alégrate, tú que amaste a Cristo Salvador con todo tu corazón;
- ¡Alégrate, tú que le serviste fielmente hasta la muerte!
- Alégrate, tú cuya alma fue renovada por la gracia;
- ¡Alégrate, tú que guardaste la predicación del Evangelio en el tesoro de tu corazón!
- Alégrate, tú que anunciaste a los apóstoles la noticia de la Resurrección;
- ¡Alégrate, tú que fuiste honrada con la conversación de un ángel!
¡Alégrate, santa María Magdalena, igual a los apóstoles, que amaste al dulcísimo Señor Jesús más que todos los bienes!
Contacio 2
Viéndose la santa María liberada de siete demonios crueles, se unió con todo su corazón a Cristo Dios, vencedor del Hades, enseñando a todos a servir a Dios no sólo con los labios, sino con toda la vida, y clamando a Él: ¡Aleluya!
Ico 2
La mente humana queda perpleja al considerar cómo, desde tal aflicción, ascendiste por la gracia de Cristo a la cumbre de la vida angélica, dignísima de alabanza María Magdalena. Por eso, teniéndote por buena intercesora, te suplicamos con fervor: líbranos del abismo del pecado, para que con amor te aclamemos así:
- Alégrate, tú que escapaste de la cruel esclavitud de los demonios;
- ¡Alégrate, tú que denunciaste abiertamente el engaño de los espíritus malignos!
- Alégrate, tú que enseñas a todos a recurrir a Cristo Dios en los asaltos del enemigo;
- ¡Alégrate, tú que exhortas a nadie a desesperar en la gran tristeza del alma!
- Alégrate, tú que mostraste a todos los pecadores el camino de la santidad;
- ¡Alégrate, tú que reconociste el poder omnipotente de la gracia de Cristo!
- Alégrate, buena maestra en la acción de gracias digna de Dios;
- ¡Alégrate, maestra fiel de la verdadera alabanza de Dios!
- Alégrate, tú que con tu vida nos mostraste el recto camino de esta carrera terrena;
- ¡Alégrate, buena auxiliadora de todos los pecadores ante Dios!
- Alégrate, protectora de nuestras almas contra el engaño de Satanás;
- ¡Alégrate, ferviente mediadora nuestra ante Cristo en toda tribulación!
¡Alégrate, santa María Magdalena, igual a los apóstoles, que amaste al dulcísimo Señor Jesús más que todos los bienes!
Contacio 3
Por el poder de la gracia divina y por tu propia buena voluntad dejaste sin pesar la casa de tu padre, como en otro tiempo Abrahán, y seguiste con gozo a Cristo Dios; por eso te rogamos, gloriosa María, discípula de Cristo: con tus súplicas ilumina también nuestros corazones con el amor de Dios, para que ahora y siempre le clamemos: ¡Aleluya!
Ico 3
Poseyendo la fuerza de la sabiduría dada por Dios, María Magdalena, como buena discípula rechazaste con valentía las bellezas de este mundo y serviste verdaderamente al Verbo que por nosotros se anonadó en su inmensa misericordia. Por eso, conmovidos, te aclamamos:
- Alégrate, buena discípula de Cristo;
- ¡Alégrate, maestra del verdadero amor a Dios!
- Alégrate, tú que conociste bien la vanidad de este mundo;
- ¡Alégrate, tú que con valor despreciaste sus placeres!
- Alégrate, tú que tuviste por nada la hermosura del mundo;
- ¡Alégrate, tú que de antemano señalaste a los monásticos el buen camino de la vida!
- Alégrate, tú que guías a todos por el camino hacia Cristo Dios;
- ¡Alégrate, tú que dejaste tu casa terrena por las obras de misericordia!
- Alégrate, tú que hallaste la misericordia de Cristo aquí y en el cielo;
- ¡Alégrate, pues por ella alcanzaste la bienaventuranza eterna!
- Alégrate, oveja sabia que huyendo de los lobos malignos corriste a Cristo, el buen Pastor;
- ¡Alégrate, tú que entraste en el redil de sus ovejas racionales!
¡Alégrate, santa María Magdalena, igual a los apóstoles, que amaste al dulcísimo Señor Jesús más que todos los bienes!
Contacio 4
La tempestad de la furia demónica se lanzó con gran fuerza contra el templo de tu alma, santa María, pero no logró derribarlo, pues hallaste la salvación en la roca firme de la fe de Cristo; y de pie sobre ella, mujer sabia, enseñas a todos a cantar al Dios sumamente bueno el himno: ¡Aleluya!
Ico 4
Oyendo, divinamente sabia María, que en el seguimiento de Cristo hallaste la verdadera alegría del corazón, la justicia, la paz y el gozo en el Espíritu Santo, también nosotros anhelamos un lugar en el coro de los que participan de su Reino divino. Y a ti, heredera suya que nos has mostrado el camino, todos te decimos así:
- Alégrate, tú que amaste la dulzura celestial de Jesús;
- ¡Alégrate, tú que hallaste la vida verdadera en Cristo!
- Alégrate, tú que por la fe nos diste imagen de ella;
- ¡Alégrate, tú que moras ya para siempre en el gozo del cielo!
- Alégrate, tú que gustas sin cesar el alimento del paraíso;
- ¡Alégrate, tú que encendiste en tu corazón el fuego del amor de Dios!
- Alégrate, sierva fiel de Cristo Dios, amada de Él;
- ¡Alégrate, intercesora diligente por nosotros ante Dios!
- Alégrate, auxiliadora nuestra en las tribulaciones;
- ¡Alégrate, maestra nuestra buena y mansa!
- Alégrate, morada honorabilísima del Espíritu Santo;
- ¡Alégrate, flauta por la que la música de su gracia llega a nuestros oídos!
¡Alégrate, santa María Magdalena, igual a los apóstoles, que amaste al dulcísimo Señor Jesús más que todos los bienes!
Contacio 5
Entre las mujeres mirróforas te mostraste como estrella guiada por Dios que conduce a todos a Cristo, gloriosa María. Y ahora, estando con ellas sin cesar ante la Santísima Trinidad, haz con tus súplicas que también nosotros seamos admitidos a su coro sagrado, iluminando con tu luz el camino oscuro de nuestra vida, para que clamemos a Dios con gozo: ¡Aleluya!
Ico 5
Viendo a Cristo Dios pendiente de la Cruz, santa María, mostraste una valentía admirable, pues muchos de sus discípulos habían abandonado a su Maestro. Pero como tu alma y tu mente ardían con sus enseñanzas divinas, venciste la debilidad de tu naturaleza y así participaste de los padecimientos salvadores de Cristo. Por eso, contemplando tal valor, te aclamamos:
- Alégrate, adorno y ornamento de las mujeres sabias;
- ¡Alégrate, buena alegría de todos los cristianos!
- Alégrate, tú que compadeciste a Cristo Dios colgado en la Cruz;
- ¡Alégrate, tú que nos mostraste el camino del amor constante hacia Él!
- Alégrate, tú que por tal amor obtuviste gran confianza al interceder por nosotros ante Dios;
- ¡Alégrate, hermosura y gloria de las mujeres!
- Alégrate, refugio poderoso de los cristianos;
- ¡Alégrate, tú que eres más fuerte que los varones esforzados!
- Alégrate, tú que eres más sabia que los sabios de este mundo;
- ¡Alégrate, pues Dios te reveló los misterios de su sabiduría!
- Alégrate, pues el mismo Dios Verbo te enseñó la verdadera teología;
- ¡Alégrate, tú que amaste a Cristo Dios más que a tu propia vida!
¡Alégrate, santa María Magdalena, igual a los apóstoles, que amaste al dulcísimo Señor Jesús más que todos los bienes!
Contacio 6
Con tu gracia sanas a los débiles y haces fuertes los vasos frágiles, Cristo Rey nuestro. Pues las mujeres mirróforas estuvieron junto a tu Cruz y anunciaron sin temor a todos la gracia de la Cruz; y los coros de mujeres sabias, apresurándose a imitar a los coros angélicos, claman sin cesar y vigilantes a la Santísima Trinidad: ¡Aleluya!
Ico 6
Buscando ser iluminada con la luz del verdadero conocimiento de Dios, admirable María, al ver a Dios pendiente de la Cruz decías llorando: «¿Cómo es que la Vida acepta ahora una muerte voluntaria?». Y nosotros, conociendo tu gloriosa iluminación por la gracia del Espíritu Santo, te aclamamos así:
- Alégrate, tú que lloraste a Cristo crucificado desde lo hondo del corazón;
- ¡Alégrate, tú que hallaste la alegría eterna en las moradas celestiales!
- Alégrate, tú que nos diste ejemplo del llanto provechoso;
- ¡Alégrate, pues eres nuestra alegría continua!
- Alégrate, verdadero consuelo de todos los afligidos;
- ¡Alégrate, pues padeciste con Cristo en la tierra por amor suyo!
- Alégrate, pues eres glorificada con Él y en Él en el cielo;
- ¡Alégrate, poderosa vencedora de todos nuestros enemigos!
- Alégrate, pronta auxiliadora en todas nuestras tribulaciones;
- ¡Alégrate, pues tu memoria es dulce para todos los cristianos!
- Alégrate, pues tu nombre es preciosísimo para toda la Iglesia de Cristo;
- ¡Alégrate, vid verdadera de la viña de Cristo!
¡Alégrate, santa María Magdalena, igual a los apóstoles, que amaste al dulcísimo Señor Jesús más que todos los bienes!
Contacio 7
Deseando comprender la fuerza invencible de la Cruz, con las demás mujeres permaneciste hasta el fin ante los padecimientos de Cristo al pie de la Cruz del Salvador, gloriosísima María. Y compadeciendo con ella el dolor de la Madre del Señor, clamabas perpleja: «¿Qué extraño misterio es éste? ¡Aquel que sostiene toda la creación ha querido padecer!». Y nosotros clamamos con amor a Aquel que por su voluntad fue elevado en la Cruz vivificante: ¡Aleluya!
Ico 7
Mujer admirable te mostraste en tu amor a Cristo Dios, bienaventurada María; pues manifestándolo en amargos lamentos, postrándote ante Aquel que fue bajado de la Cruz, lavaste con tus lágrimas sus purísimas llagas. Y siguiendo al noble José y a Nicodemo, amante de la justicia, corriste con las demás santas mujeres al sepulcro del Salvador, llorando y consolando a la vez a su Madre inmaculada, que lloraba inconsolable con el alma traspasada por una espada cruel. Y nosotros, conociendo tal valentía, humildemente te aclamamos:
- Alégrate, tú que lavaste con tus lágrimas las purísimas llagas de Cristo;
- ¡Alégrate, tú que padeciste manifiestamente con su Madre inmaculada!
- Alégrate, tú que no dejaste a Cristo ni siquiera en su sepultura;
- ¡Alégrate, tú que contemplaste perpleja a la Vida puesta en el sepulcro!
- Alégrate, buena maestra nuestra de las lágrimas de arrepentimiento;
- ¡Alégrate, tú que nos enseñas a lavar con ellas la mancha del pecado!
- Alégrate, tú que nos mueves a ablandar con ellas nuestro corazón endurecido;
- ¡Alégrate, tú que nos diste ejemplo de la verdadera sabiduría!
- Alégrate, tú que nos enseñas a recordar siempre los padecimientos de Cristo;
- ¡Alégrate, gloriosa María, mediadora fiel nuestra junto con la Virgen inmaculada!
- Alégrate, buena servidora de Cristo;
- ¡Alégrate, tú que agradaste al Señor y no a los hombres!
¡Alégrate, santa María Magdalena, igual a los apóstoles, que amaste al dulcísimo Señor Jesús más que todos los bienes!
Contacio 8
Extraña te pareció, divinamente sabia María, la sepultura del Dador de la vida. Y herida por su amor, envuelta todavía en la oscuridad del duelo, llevaste mirra a su sepulcro y derramaste lágrimas como perfumes fragantes. Por eso moras ahora en las moradas perfumadas del paraíso, clamando sin cesar a Dios con los coros de los ángeles: ¡Aleluya!
Ico 8
Jesús fue para ti toda dulzura, todo gozo, toda vida, santa María. Por eso, al ver la piedra removida del sepulcro y no hallarlo, corriste llorando a Simón, roca viva de la fe, y al otro discípulo a quien Jesús amaba, diciéndoles con angustia: «¡Se han llevado al Señor del sepulcro y no sé dónde lo han puesto!». Mas ahora, libre de aquella tristeza, te alegras eternamente con Cristo en el cielo. Y nosotros, esperando entrar por tus súplicas en ese mismo gozo, desde la tierra te aclamamos así:
- Alégrate, tú que venciste la oscuridad de la noche con el resplandor de tu amor a Cristo;
- ¡Alégrate, tú que nos enseñaste la vigilia nocturna de oración!
- Alégrate, tú que estás iluminada en el cielo con luz eterna;
- ¡Alégrate, tú que compraste el Reino de los cielos con la pobreza de espíritu!
- Alégrate, pues tras tu tristeza por los padecimientos de Cristo hallaste consuelo abundante;
- ¡Alégrate, mujer mansa, heredera de la tierra del paraíso celestial!
- Alégrate, tú que tuviste hambre y sed de la justicia de Cristo y ahora te sacias en el banquete del cielo;
- ¡Alégrate, misericordiosa, que hallaste la misericordia del Señor y la imploras con fervor para nosotros!
- Alégrate, pues, limpia de corazón, contemplas ahora a Dios cara a cara;
- ¡Alégrate, pues antes que nadie fuiste digna de ver la resurrección de Cristo, nuestra Paz eterna!
- Alégrate, tú que fuiste perseguida por la justicia de Cristo, pues tuyo es el Reino de Dios;
- ¡Alégrate, tú que alcanzaste el gozo eterno y una gran recompensa en los cielos!
¡Alégrate, santa María Magdalena, igual a los apóstoles, que amaste al dulcísimo Señor Jesús más que todos los bienes!
Contacio 9
Todos los coros angélicos se asombraron del gran misterio de tu gloriosa resurrección, Cristo Rey nuestro; y el Hades se estremeció al verte descender a lo más profundo de la tierra y romper las cadenas eternas que retenían a los cautivos. Y nosotros, alegrándonos con las mujeres mirróforas, te clamamos con gozo: ¡Aleluya!
Ico 9
Ni las lenguas de los oradores más elocuentes bastan para narrar dignamente tu gran dolor, gloriosa María, cuando estabas fuera del sepulcro llorando. ¿Quién podría describir la pena de tu alma al no hallar en la tumba al Señor, a quien amabas más que a tu vida? Tu corazón afligido no podía aceptar el consuelo de los ángeles resplandecientes. Y recordando con emoción esa tristeza tuya, te cantamos así:
- Alégrate, tú que entraste en la cueva para ver a Jesucristo;
- ¡Alégrate, tú que ahora lo contemplas sentado en el trono de la gloria!
- Alégrate, tú que viste a los habitantes luminosos del cielo estando aún en la tierra;
- ¡Alégrate, tú que recibiste de ellos la noticia gozosa de la resurrección de Cristo!
- Alégrate, pues ahora te alegras con ellos para siempre;
- ¡Alégrate, tú que llevaste mirra a Cristo con amor!
- Alégrate, tú que corriste dulcemente a la fragancia de la mirra de Cristo;
- ¡Alégrate, tú que rechazaste la amargura de los placeres del mundo pecador!
- Alégrate, tú que amaste la dulzura celestial de Jesús;
- ¡Alégrate, planta hermosa y tierna del huerto de Jesús!
- Alégrate, vid fecunda del jardín de Dios;
- ¡Alégrate, tú que te mostraste templo bellísimo del Espíritu Santísimo!
¡Alégrate, santa María Magdalena, igual a los apóstoles, que amaste al dulcísimo Señor Jesús más que todos los bienes!
Contacio 10
Queriendo salvar al mundo, aunque descendiste al sepulcro, Inmortal, destruiste el poder del Hades y resucitaste como vencedor, Cristo Dios, diciendo a las mujeres mirróforas: «¡Alegraos!». Y con ellas te ofrecemos ahora el himno del gozo: ¡Aleluya!
Ico 10
Más fuerte que un muro de piedra fue tu amor a Cristo, que te amó, gloriosa mirrófora María Magdalena. Por eso sólo tú, antes que nadie, contemplaste a nuestra Vida resucitada del sepulcro. Pero lo tomaste por el hortelano y le clamaste, olvidando la debilidad de tu naturaleza: «Si tú te lo has llevado, dime dónde lo has puesto y yo lo recogeré». Mas su voz dulcísima te mostró al Maestro y nos enseñó a aclamarte así:
- Alégrate, tú que antes que nadie viste al verdadero Hortelano resucitado;
- ¡Alégrate, tú que tienes tu morada en el jardín del cielo!
- Alégrate, tú que te alimentas sin cesar de los racimos de la gracia de Dios;
- ¡Alégrate, tú que te regocijas con los gozos del paraíso!
- Alégrate, pues tu amor a Dios venció a la naturaleza;
- ¡Alégrate, pues también nos enseñó el celo por Dios!
- Alégrate, tú que recibiste primero de los labios de Cristo la noticia de la resurrección;
- ¡Alégrate, tú que anunciaste primero a los apóstoles las palabras del gozo!
- Alégrate, tú que hallaste el gozo eterno en los cielos;
- ¡Alégrate, pues también a nosotros nos llamas a ese gozo!
- Alégrate, pues intercedes siempre ante Dios para que lo alcancemos;
- ¡Alégrate, pues le ofreces por nosotros oraciones fervientes!
¡Alégrate, santa María Magdalena, igual a los apóstoles, que amaste al dulcísimo Señor Jesús más que todos los bienes!
Contacio 11
Ninguna palabra basta para cantar dignamente el gozo divino de tu resurrección, Cristo, que la gloriosa María, con las demás mujeres, anunció a los apóstoles en este día señalado y santo, fiesta de las fiestas y solemnidad de las solemnidades. Por eso, inclinándonos ante la grandeza de tus inefables misericordias hacia nosotros, Cristo Rey, con humildad y amor te clamamos: ¡Aleluya!
Ico 11
Estrella resplandeciente te mostraste al mundo pecador, María Magdalena, cuando, tras la gloriosa Ascensión del Salvador, recorriste ciudades y aldeas proclamando por todas partes la palabra del Evangelio y poniendo sobre muchos el yugo suave de Cristo. Y llegando a la antigua Roma, compareciste con valentía ante el césar Tiberio y le explicaste, con un huevo teñido de rojo y con sabias palabras, el poder vivificante de Cristo; y denunciaste al inicuo Pilato y al impío sumo sacerdote, para que recibieran lo digno de sus obras. Y admirando esta gran hazaña de tu apostolado, con gozo te aclamamos así:
- Alégrate, gloriosa heraldo de la enseñanza de Cristo;
- ¡Alégrate, luminosa disipadora de las tinieblas del paganismo!
- Alégrate, tú que libraste a muchos de las cadenas del pecado;
- ¡Alégrate, tú que enseñaste a todos la sabiduría de Cristo!
- Alégrate, tú que sacaste a muchos de las tinieblas de la ignorancia a la luz admirable de Cristo;
- ¡Alégrate, tú que nos diste modelo de firmeza en la justicia de Cristo!
- Alégrate, tú que amaste la salvación de las almas de los pecadores más que tu propia vida;
- ¡Alégrate, tú que comprendiste bien los mandamientos de Cristo!
- Alégrate, tú que los seguiste fielmente;
- ¡Alégrate, tú que denunciaste con audacia las tinieblas del paganismo!
- Alégrate, tú que no temiste la ira del césar;
- ¡Alégrate, tú que le mostraste la malicia y las intrigas de los enemigos de Cristo!
¡Alégrate, santa María Magdalena, igual a los apóstoles, que amaste al dulcísimo Señor Jesús más que todos los bienes!
Contacio 12
Colmada abundantemente de la gracia de Dios, condujiste a Cristo una multitud de almas, gloriosa María; y después fuiste a Éfeso, donde, sirviendo con amor apostólico a la salvación de los hombres junto al apóstol del amor, Juan, pasaste al Señor en una bienaventurada dormición; y ahora le cantas sin cesar con las multitudes de los cantores celestiales: ¡Aleluya!
Ico 12
Cantando tu vida digna de toda alabanza en la tierra y tu gloria en el cielo, glorificamos con gozo y ensalzamos al Rey celestial, admirable en sus santos; pues no sólo tú misma, santa María, triunfas ahora por su gracia en las moradas de los justos, sino que también nos alegras en la tierra, dejándonos la mirra preciosa de tus reliquias, que el sabio emperador León mandó trasladar de Éfeso a Constantinopla. Y acudiendo todos a ellas con amor como a una fuente inagotable de gracia, besándolas con fe y amor, con emoción te cantamos así:
- Alégrate, tú que en la tierra ardiste de amor por Cristo;
- ¡Alégrate, tú que en el cielo habitas en las moradas del paraíso!
- Alégrate, protección firme de los fieles;
- ¡Alégrate, mirra fragante que perfuma a la Iglesia!
- Alégrate, incensario de oro que ofrece por nosotros a Dios el incienso de la oración;
- ¡Alégrate, fuente inagotable de curaciones!
- Alégrate, tesoro incorruptible de los dones de la gracia de Dios;
- ¡Alégrate, fiel partícipe de los coros angélicos!
- Alégrate, gloriosa habitante de las moradas celestiales;
- ¡Alégrate, pues grande es tu recompensa en los cielos!
- Alégrate, pues se te da alegría eterna en las moradas de los santos;
- ¡Alégrate, pues también por nosotros ruegas sin cesar por el gozo, la gracia y la gloria!
¡Alégrate, santa María Magdalena, igual a los apóstoles, que amaste al dulcísimo Señor Jesús más que todos los bienes!
Contacio 13
¡Oh admirable y prodigioso adorno de las mujeres, alabanza y gozo de todos los cristianos, mirrófora gloriosa María Magdalena, mostrada igual a los apóstoles! Acogiendo esta súplica nuestra, líbranos de toda tribulación y pena del alma y del cuerpo, y de los enemigos visibles e invisibles que nos asaltan; y guía con tu intercesión al Reino de los cielos a todos los que con emoción y amor cantamos por ti a Dios: ¡Aleluya!
Este contacio se dice tres veces; después se repiten el ico 1 y el contacio 1. [1][2]
Oración a santa María Magdalena
¡Oh santa mirrófora y dignísima de alabanza discípula de Cristo, María Magdalena, igual a los apóstoles! A ti, mediadora fiel y poderosa nuestra ante Dios, acudimos ahora los pecadores e indignos y te suplicamos con el corazón contrito. En tu vida conociste las terribles astucias de los demonios, pero por la gracia de Cristo fuiste liberada de ellas manifiestamente; líbranos, pues, con tus súplicas de las redes del diablo, para que durante toda nuestra vida sirvamos fielmente con obras, palabras, pensamientos y los movimientos ocultos de nuestro corazón al único Santo Señor Dios, como se lo hemos prometido. Tú amaste al dulcísimo Señor Jesús más que todos los bienes de la tierra y lo seguiste fielmente todos los días de tu vida, alimentando con sus enseñanzas divinas y su gracia no sólo tu propia alma, sino conduciendo también a una multitud de personas de las tinieblas del paganismo a la luz admirable de Cristo; por eso te rogamos: alcánzanos de Cristo Dios la gracia que ilumina y santifica, para que, iluminados por ella, crezcamos en la fe y la piedad, en las obras de amor y de abnegación, y sirvamos sinceramente al prójimo en sus necesidades espirituales y corporales, recordando el ejemplo de tu amor al hombre. Tú, santa María, recorriste vigilante la vida terrena por la gracia de Dios y partiste en paz a la morada celestial; ruega a Cristo Salvador que por tus súplicas nos conceda cumplir sin tropiezo nuestro peregrinar en este valle de lágrimas y terminar nuestra vida en paz y arrepentimiento, para que, habiendo vivido así santamente en la tierra, seamos dignos de la vida bienaventurada en el cielo y allí alabemos contigo y con todos los santos, sin fin, a la Trinidad indivisible, cantando a la única Divinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, por los siglos de los siglos. Amén.
Para qué se reza a santa María Magdalena
- en su fiesta, el 22 de julio (calendario juliano: 22 de julio / 4 de agosto);
- por la liberación de adicciones e influencias oscuras: es el tema central del acatisto, pues la santa misma fue liberada de siete demonios (el ico 2 habla de ello directamente);
- por la fortaleza de espíritu y la libertad interior, cuando hace falta romper con lo que esclaviza;
- en la desesperación y el desaliento: «tú que exhortas a nadie a desesperar» (ico 2);
- por el don de las lágrimas de arrepentimiento y el ablandamiento del corazón endurecido (ico 7);
- las mujeres, por la salud, la valentía y la armonía familiar: la santa es patrona de las mujeres, «adorno de las mujeres sabias» (ico 5);
- por la fidelidad en la fe cuando otros se apartan: ella fue la única discípula que no abandonó a Cristo junto a la Cruz. [4][5]
Cómo rezar el acatisto en casa
- De pie. El nombre mismo, «himno no sentado», indica la postura. Se exceptúan la enfermedad, la debilidad, el embarazo y la vejez: entonces puede rezarse sentado. [8][9]
- Comienzo habitual: «En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo», «Rey celestial», el Trisagio, el Padrenuestro, el tropario de la santa, y luego el acatisto.
- Sin prisa. El acatisto es un diálogo, no un texto que despachar.
- El contacio 13, tres veces; luego el ico 1 y el contacio 1; al final, la oración a la santa. [1][2]
- No hace falta estar ordenado. Todo fiel puede rezarlo, solo o en familia. [9]
- Cuántos días. No hay prescripción rubrical. Las prácticas piadosas más comunes son nueve o cuarenta días seguidos en una necesidad grave; es costumbre, no dogma. [11]
Preguntas frecuentes
¿Fue María Magdalena una prostituta?
No. Es una confusión occidental posterior con la pecadora anónima de Lc 7 y con María de Betania, sin base en el texto evangélico. La Iglesia oriental nunca las mezcló. La Escritura habla sólo de la liberación de siete demonios (Lc 8,2): posesión, no fornicación. [5][6]
¿Por qué se la llama igual a los apóstoles?
Porque fue la primera en anunciar la Resurrección a los apóstoles: ellos predicaron al mundo y ella les predicó a ellos. [4][6]
¿Por qué se la representa con un huevo rojo?
Por la tradición del huevo rojo ofrecido al emperador Tiberio con las palabras «¡Cristo ha resucitado!». De ahí proceden el huevo pascual y este detalle iconográfico. [4][5]
¿Cuándo es su fiesta?
El 22 de julio en el calendario nuevo; en el juliano, 22 de julio / 4 de agosto. En la tradición católica, el 22 de julio, con rango de fiesta desde 2016. [5][6][7]
¿En qué se diferencia un acatisto de un canon?
El canon consta de nueve odas y tiene carácter penitencial y didáctico; el acatisto consta de 13 contacios y 12 icos construidos sobre los «Alégrate» y tiene carácter de alabanza y acción de gracias. [8][9]
Conclusión
El Acatisto a santa María Magdalena es un himno al amor que resultó más fuerte que el miedo y un testimonio de que quien ha sido liberado puede convertirse en mensajero. Su vida empieza con siete demonios y termina con las palabras con las que empezó el cristianismo: «¡Cristo ha resucitado!». Para quien considera su pasado una condena, su memoria es la respuesta más directa. [1][4][6]
Fuentes
- Acatisto a santa María Magdalena — texto litúrgico ucraniano (base de la traducción)
- Akathist to St. Mary Magdalene — texto litúrgico inglés (cotejo)
- Texto eslavo eclesiástico del acatisto (cotejo de los contacios)
- Vida de santa María Magdalena: Tiberio, Éfeso, traslado de las reliquias
- María Magdalena: mirrófora, igual a los apóstoles, la tradición del huevo rojo
- La fiesta de María Magdalena: historia, calendario, reliquias 886–890
- Troparios y contacios de las fiestas fijas: 22 de julio
- Qué es un acatisto: historia del género y estructura
- Qué es un acatisto: significado, estructura, quién puede rezarlo
- Acatisto a la Santísima Madre de Dios: el término y los jeretismos
- Reglas para rezar los acatistos a los santos
