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1 Todo el que ha sido bautizado en Cristo debe alcanzar la plena medida de la estatura de Cristo, pues ha recibido el poder para ello y, cumpliendo los mandamientos, puede adquirir esa plenitud y ejercitarse en ella. La concepción es el desposorio con el Espíritu; el nacimiento, una acción gozosa; el bautismo, el poder purificador del fuego espiritual; la transfiguración, la contemplación de la luz divina; la crucifixión, la mortificación de todas las cosas; la sepultura, el guardar en el corazón el celo divino; la resurrección, el vivificante levantarse del alma; la ascensión, el arrebato del intelecto y su elevación hacia Dios. Quien no ha hallado esto ni lo ha sentido, sigue siendo un niño tanto en el cuerpo como en el espíritu, aunque tuviera canas y todos lo tuvieran por activo.

2 Las pasiones de Cristo otorgan una mortificación vivificante a quienes lo soportan todo, pues por ellas padecemos con Él y seremos glorificados con Él. La aceptación de los placeres produce una mortificación portadora de muerte en aquellos en quienes actúan. Solo el soportar voluntariamente las pasiones de Cristo crucifica la crucifixión y mortifica la mortificación.

3 Padecer en Cristo significa soportar todo lo que nos sucede. La envidia es para provecho de los inocentes; el reproche a los culpables, para su conversión; y la enseñanza del Señor abre nuestros oídos; por eso el Señor prometió una corona a los pacientes por los siglos de los siglos. ¡Gloria a Ti, Dios nuestro, gloria a Ti! ¡Santísima Trinidad, gloria a Ti por todas las cosas! Sobre el cambio pasional

4 La desidia es una pasión que no se vence con facilidad: debilita el cuerpo, y cuando el cuerpo se debilita, también el alma se debilita; y cuando ambos están debilitados, entonces la voluptuosidad actúa en el cuerpo; la voluptuosidad provoca el deseo; el deseo, el ardor; el ardor, la insurrección; la insurrección incita el recuerdo; el recuerdo, la imaginación; la imaginación, la provocación; la provocación, el acoplamiento; el acoplamiento, el consentimiento; y el consentimiento produce la acción, ya sea por medio del cuerpo o por diversos medios disponibles. Así cae el hombre vencido. Sobre la buena intención

5 En toda obra la paciencia engendra valentía; la valentía, vigilancia; la vigilancia, dominio de sí; el dominio de sí, esfuerzo; el esfuerzo en el trabajo, es decir, su crecimiento, sofoca la incontinencia corporal y apacigua los deseos voluptuosos. El deseo produce el querer; el querer, el amor; el amor, el celo; el celo, el fervor; el fervor, la excitación; la excitación, la vigilancia; la vigilancia, la oración; la oración, la quietud; la quietud produce la contemplación de la mente; la mente comienza a captar los misterios; el fin de los misterios es la teología; el fruto de la teología es el amor perfecto; el fruto del amor es la humildad; el fruto de la humildad es la impasibilidad; y de la impasibilidad, el discernimiento, la profecía y la presciencia. Nadie posee la virtud perfecta, y nadie disminuye por completo el pecado en sí mismo; pero a medida que la virtud crece gradualmente, el pecado gradualmente decrece.