Del mismo, de los capítulos sobre la sobriedad
Del mismo, de los capítulos sobre la sobriedad
1 El monje debe vivir siempre como si hubiera de morir mañana, pero gobernar su cuerpo como si hubiera de vivir muchos años. Lo primero corta los pensamientos de desaliento y hace al monje más diligente; lo segundo conserva sano el cuerpo y mantiene la abstinencia dentro de la medida.
2 Quien ha alcanzado el conocimiento y ha gustado su dulzura no cederá al espíritu de vanagloria, que le ofrece todos los deleites de este mundo. Pues ¿qué puede prometerle que supere la contemplación espiritual? Pero mientras no hayamos alcanzado el conocimiento, apliquémonos con diligencia a la práctica, mostrando a Dios nuestra intención de que todo lo hacemos por conocerle a Él.
3 Conviene explicar cómo llevaban su combate los monjes de tiempos pasados, para que podamos imitarlos. Mucho bien hay en lo que hicieron y dijeron. Entre otras cosas, uno de ellos dijo también esto: que el alimento sencillo tomado con medida, unido al amor, conduce pronto al monje al puerto de la impasibilidad.
4 Alguien se encontró con san Macario ya entrada la noche y, teniendo sed, le pidió agua. Pero él respondió: «Conténtate con la sombra. Muchos viajan ahora, y navegan, y ni siquiera tienen esto». Y habiendo conversado con él acerca de la abstinencia, dijo: «Ten ánimo, hijo. Durante veinte años enteros no he comido pan hasta saciarme, ni he bebido agua, ni he dormido cuanto quería; comía el pan por peso, bebía el agua por medida y, apoyado en la pared, dormía un poco».
5 El intelecto disperso se endereza con la lectura, la vigilia y la oración. La concupiscencia que abrasa se seca con la sed, el trabajo y la soledad. Cuando hierve la ira, la apaciguan la salmodia, la paciencia y la misericordia. Pues la ira desmedida e inoportuna es intempestiva, y más aún: dañina e inútil.
TERCERA PARTE
Nuestro venerable padre Isaías el Solitario vivió en la década del 370 después del Nacimiento de Cristo y fue contemporáneo de Macario el Grande. Estudiaba día y noche las Divinas Escrituras y, habiendo extraído abundantes corrientes de sabiduría espiritual de las fuentes de la salvación, llegó a ser autor de muchos hermosos Discursos que contienen diversas cosas provechosas para el alma, de los cuales se compone todo este libro. Habiendo escogido algunos de ellos para esta obra, los ofrecemos a quienes desean guardar su intelecto. Enseña brevemente cómo se han de rechazar los asaltos de los pensamientos y mantener una conciencia irreprochable, cómo practicar la Oración de Jesús y cómo, en el desapego de las preocupaciones, guardar sabiamente las tres potencias del alma.